Lectura·Libros

Cuentos para pensar

En ésta época de fiestas y zambombas, de comidas de empresa y cena en familia en Nochebuena… lo que menos apetece leer (al menos en mi caso) es un libro muy denso. Por lo que se ha convertido en una costumbre que en los últimos días del año me releo el libro “Cuentos para pensar” de Jorge Bucay.

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Me regalaron este libro en 2003 o 2004, si no recuerdo mal. Me sorprendió gratamente, porque es un libro fácil de leer y que, a la vez, te hace profundizar en tu propia mente para reflexionar sobre cosas cotidianas que todos podemos estar haciendo sin darnos cuenta y que traen consecuencias que no pensamos.

Está compuesto por 27 cuentos independientes. Hay algunos que, en mi caso, no me han dicho nada… me he quedado con cara de poker sin entender la moraleja.  Pero otros cuentos me han dejado reflexionando durante bastante rato después de acabarlos. Por ejemplo: El temido enemigo, El buscador, Juan Sinpiernas, El oso, Sólo por amor, Los niños estaban solos o La ciudad de los pozos.

También hay algunos casos en que no me siento identificada yo, sino que identifico el comportamiento con alguna persona conocida y de ahí también sacas reflexiones que normalmente ni pensarías.

Se lee en muy poquito tiempo porque los cuentos suelen ser cortitos. Si te lees un par de ellos y no vuelves a coger el libro hasta unos días después… no pasa nada, porque no tiene nada que ver un cuento con otro. A veces es incluso necesario hacer parones, para interiorizar mejor la moraleja que te ha dejado el cuento que te acabas de leer.

En definitiva, es el primer (y por ahora el único) libro de autoayuda que he leído más de una vez y que me ha gustado en general.

Sinopsis:

Tras llevarnos de la mano por los senderos mágicos de los cuentos ancestrales de Déjame que te cuente, Jorge Bucay nos ofrece ahora estas historias, fruto de su propia inventiva. Su objetivo es crear un vínculo con el lector en el que el cuento se convierta en un lazo único con el escritor. Bucay ante todo hace una apología de la solidez y la fiabilidad de la indiscutible mirada del sentido común.

<< El maestro sufí contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma…

– Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde -. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado…

– Pido perdón por eso – se disculpó el maestro -. Permíteme que en señal de reparación te invite a un rico melocotón.

– Gracias, maestro – respondió halagado el discípulo.

– Quisiera, para agasajarte, pelar tu melocotón yo mismo. ¿Me lo permites?

– Sí, muchas gracias – dijo el alumno.

– ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano el cuchillo, te lo corte en trozos para que sea más fácil comerlo?

– Me encantaría… Pero no quisiera abusar de tu generosidad, maestro…

– No es un abuso si yo te lo ofrezco. Sólo deseo complacerte… Permíteme también que lo mastique antes de dártelo…

– No, maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! – se quejó sorprendido el discípulo.

El maestro hizo una pausa.

– Si yo os explicara el sentido de cada cuento, sería como daros a comer una fruta masticada.>>

De la sabiduría sufí.

 

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